Solemos repetir que son tiempos de cambio. En realidad sabemos que el cambio es continuo. Y cada vez más rápido, porque la tecnología y comunicación lo aceleran.

Por esto se ha precipitado forzosamente para casi todas las empresas y sectores. La situación general, y su efecto en cascada de unos a otros, supone una presión como nunca antes a los cimientos de las empresas, negocios y organizaciones. Y los resultados nos han obligado a cuestionar todo lo que veníamos haciendo. Ahora, no tenemos excusa para posponer decisiones y cambios necesarios.

En esta tesitura, el problema es que muchas alarmas se activan a la vez. Las costuras saltan por varios sitios. Necesitamos cierta calma o criterio para decidir cuáles atender primero. ¿Se trata de poner un parche, hablamos de un traje diferente, o es que tal vez no voy a la fiesta adecuada? Necesitamos perspectiva, distinguir lo urgente, lo importante. Las decisiones precipitadas o desorientadas solo lo empeoran.

Aparecen algunas de estas señales en nuestro negocio: clientes que cambian de perfil, demanda que cambia, costes fuera de juego, valor cuestionado frente a nuevos competidores, otros competidores agresivos en precio (descolocando los márgenes trabajados en el sector), canales en evolución, estancamiento en el desarrollo de negocio, partes de la cadena de suministro/valor que se han hecho demasiado fuertes, nuevos valores o requisitos del clientes o sector, productos que evolucionan a servicios, nuevas formas de generar el valor, procesos que ahora ya no son eficientes, falta de liderazgo o coherencia en la organización, nuestra propuesta de valor no nos diferencia, actividades que hacemos que no son nuestro núcleo o especialidad, capacidades que tenemos capacidades que no estamos aprovechando, etc.

Dicho de otra forma, nuestra competitividad (lo que hace que tengamos más oportunidad de éxito en el mercado), está cuestionada.

Resolver una evolución de nuestra empresa precisa de herramientas y experiencia para saber cómo movernos en este nuevo escenario, dónde queremos y debemos estar. Y decidir una agenda concreta y efectiva para progresar en él.

“No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio.”

Leon C. Megginson

Esta conclusión de Megginson es referencia para todos.

Que nuestra empresa sea sostenible y perdure dependerá de su capacidad de disponer de esta nueva visión de su competitividad, más amplia que anteriormente.

Es muy necesario disponer de esta visión completa de nuestro negocio.